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Caso Fifagate, un monstruo de varias cabezas

2016-08-26

 

La corrupción es una amenaza que se configura no solo en el marco nacional, sino que tiene el poder de cruzar fronteras. El escándalo que involucró a altos ejecutivos de la Fédération Internationale de Football Association (FIFA), es solo uno de los varios ejemplos de este fenómeno transnacional. 

La falta de regulación en el sector privado, una auditoría que estaba ya comprometida, y la complicidad de la banca, entre otros, fueron algunos de los errores que expertos en el tema anotaron frente al caso de la FIFA; una organización investigada, por más de 24 años de sobornos y corrupción, debido a los actos de altos ejecutivos de la Federación que cedieron -por dinero- derechos televisivos, la reelección de la alta dirección y el patrocinio de las principales competencias de América. 

La investigación de la corrupción en el fútbol era un secreto a gritos. No solo cantantes y deportistas, o periodistas como Andrew Jennings, a quien se le restringía incluso la entrada a los eventos de la FIFA, ya lo habían insinuado o denunciado púbicamente, sino que también el Grupo de Acción Financiera Internacional (GAFI) venía investigando el fenómeno, según Carlos Burundarena, director de Business Compliance Solutions (BCS). 

El GAFI había realizado un informe sobre este tema en el 2009 llamado “El lavado de dinero en el sector del fútbol”, en donde se advertía que: “el crecimiento del negocio del deporte trajo un mayor riesgo de fraude y corrupción. El fútbol es el negocio más expuesto (…) las operaciones más riesgosas son: propiedad de Clubes de fútbol, transferencia y propiedad de jugadores, negocio de apuestas, derechos de imagen, sponsors y publicidad”. El tema ya había sonado bastante. Sin embargo, ningún país o autoridad había tomado en serio estos señalamientos hasta que el Federal Bureau of Investigation (FBI) de los Estados Unidos lo hizo.          

Al respecto, Huella Forense presenta un análisis desde la óptica de la auditoría forense frente al escándalo más grande que ha permeado al fútbol.

‘Se desata un monstruo’ en el fútbol

La bomba del Fifagate, como se le ha llamado, explotó cuando por requerimiento de las autoridades estadounidenses, el 27 de mayo del 2015, las autoridades suizas llegaron a un hotel en Zurich para capturar a siete dirigentes y ejecutivos de la FIFA que fueron acusados de 47 cargos, por lavado de activos, fraude y conspiración, según se relata en el libro ‘La Caída del imperio’, escrito por el periodista Andrew Jennings. El FBI anunciaba así este día la acusación por estos delitos a 14 personas relacionadas con la Federación.

El periodista escocés fue quien denunció con vehemencia, por más de 13 años, las irregularidades y fraudes que se estaban cometiendo en la FIFA, convirtiéndose gracias a ello en uno de los eslabones dentro de la investigación que emprendió el FBI contra la Federación hace más dos décadas. Jenings entregó información y documentos que fue concluyente y comprometió judicialmente a los ejecutivos de la FIFA. 

Según se relata en el libro de Jennings, solo hasta los juegos olímpicos del 2012, cuando el FBI mandó a Chuck Blazer  -poderoso secretario de la Confederación de América, Norte, Central y Caribe (CONCAF), que había sido capturado  por las pruebas de robo de millones de dólares de la FIFA y el fútbol regional y había negociado su condena- a Londres con micrófonos ocultos entre sus ropas con la intensión de recoger evidencias sobre los sobornos, se inicia el fin de un largo camino para capturar a los diversos ejecutivos de la FIFA que se encontraban delinquiendo.

Blazer “Se había desaparecido a sí mismo, offshore, para evitar el pago de impuestos. Descubrí que escondía su riqueza en paraísos fiscales en el Caribe. Lo que llevó a su arresto en Manhattan”, relata en su libro el periodista.  Por lo que, “ante una posible condena que lo llevaría a estar de por vida tras las rejas, implicó a docenas de maleantes involucrados en esta cadena de sobornos para otorgar derechos de marketing y televisación de sus torneos de fútbol”, precisa Jennings.  

Con estas últimas grabaciones se incriminó a otro delincuente de cuello blanco que “hizo un acuerdo más con la justicia, devolviendo así 151 millones de dólares obtenidos en sobornos por contratos de explotación; posteriormente también usó un micrófono y ‘engatusó’ a otros ejecutivos y oficiales de la FIFA, algunos de los cuales fueron arrestados en Zurich”. 

‘Peces gordos’ capturados por el FBI

Según se señala en documentos oficiales publicados en la página de ‘The United States Department of Justice’, el 27 de mayo del 2015 se expidió el auto de procesamiento 47-count en donde se acusaba a 14 personas de asociaciones ilícitas, fraude electrónico y conspiración en lavado de dinero, entre otros delitos.

Entre los acusados se encontraron altos ejecutivos de la Fédération Internationale de Football Association (FIFA), como Jeffrey Webb and Jack Warner, en el momento presidentes de CONCACAF. También incluyó ejecutivos de marketing de Estados Unidos y Suramérica que se presume pagaron y acordaron pagar más de 150 millones en sobornos para obtener medios de comunicación y los derechos de comercialización lucrativa para los torneos internacionales de fútbol. 

Ese día las autoridades suizas capturaron en Zurich a 7 de los sindicados, a petición de las autoridades estadounidense, entre los que estaban: Jeffrey Webb, Eduardo Li, Julio Rocha, Costas Takkas, Eugenio Figueredo, Rafael Esquivel and José Maria Marin.  Ese día también se ordenó un allanamiento en la de sede de CONCACAF de Miami, Florida (Lista completa*).

Los cargos fueron anunciados por la fiscal general, Loretta E. Lynch; fiscal federal Interino, Kelly T. Currie del distrito este de Nueva York; el director James B. Comey del FBI, el director asistente Diego W. Rodriguez, de la oficina del FBI en Nueva York;  el jefe Richard Weber de Internal Revenue Service-Criminal Investigation (IRS-CI) y el agente Erick Martinez of the IRS-CI’s Los Angeles Field Office.

En su momento la Fiscal General, Loretta E. Lynch,  señaló que estos hechos de corrupción “se extienden por lo menos en dos generaciones de dirigentes del fútbol que, presuntamente, han abusado de su posición de confianza para adquirir millones de dólares en sobornos. Y se ha perjudicado profundamente a una multitud de víctimas, de las ligas de la juventud y de los países en vías de desarrollo que deberían beneficiarse de los ingresos generados por los derechos comerciales que estas organizaciones tienen, a los aficionados en el país y en todo el mundo. La acción de hoy deja claro que este Departamento de Justicia tiene la intención de poner fin a tales prácticas corruptas, acabar con la mala conducta, y llevar a los malhechores a la justicia, y esperamos continuar trabajando con otros países en este esfuerzo”.

Las acusaciones que se presentaron en contra de estas personas están relacionadas con “la solicitud y recepción de sobornos por parte de funcionarios de fútbol a los ejecutivos de marketing deportivo para la comercialización de los medios de comunicación y los derechos de comercialización asociados con varios partidos y torneos de fútbol, incluyendo la clasificación para la Copa Mundial de la FIFA en la región de CONCACAF, la Copa de oro de CONCACAF, la Liga de Campeones de la CONCACAF, el organizado entre CONMEBOL / CONCACAF Copa América Centenario, la CONMEBOL Copa América, la CONMEBOL Copa Libertadores y la Copa do Brasil, que está organizada por la federación nacional de fútbol de Brasil (CBF ). Otros supuestos regímenes se refieren al pago y la recepción de sobornos relacionados con el patrocinio de la CBF por una importante compañía de ropa deportiva EE.UU., la selección del país anfitrión de la Copa Mundial de 2010 y las elecciones presidenciales de la FIFA de 2011”, según se señala en el documento.

Nueve de los acusados eran oficiales de la FIFA, y son*: 

1. Jeffrey Webb: en su momento vicepresidente de la FIFA y miembro ejecutivo del comité de la misma, presidente de CONCACAF, miembro ejecutivo de Caribbean Football Union (CFU) y presidente de  Cayman Islands Football Association (CIFA).
2. Eduardo Li: en su momento miembro ejecutivo electo del comité, miembro ejecutivo del comité de CONCACAF y presidente de la Costa Rican soccer federation (FEDEFUT).
3. Julio Rocha: en su momento oficial de desarrollo de la FIFA.  Presidente de American Football Union (UNCAF) y presidente de la federación nicaragüense de fútbol (FENIFUT).
4. Costas Takkas: en su momento fue el presidente agregado de CONCACAF.  Secretario general de CIFA.
5. Jack Warner: en su momento vicepresidente y miembro del comité ejecutivo de la FIFA, presidente de CONCACAF, presidente de CFU y asesor especial de la federación de fútbol en Trinidad y Tobago (TTFF).
6. Eugenio Figueredo: en su momento vicepresidente de la FIFA y miembro ejecutivo del comité.  Presidente de la CONMEBOL y presidente de la federación de fútbol uruguaya (AUF).
7. Rafael Esquivel: en su momento miembro ejecutivo del comité de CONMEBOL y presidente de la federación de fútbol venezolana (FVF).
8. José Maria Marin: en su momento miembro de la FIFA y del comité organizador de los Olympic football tournaments.  Presidente de CBF.
9. Nicolás Leoz: miembro ejecutivo de la  FIFA y presidente de CONMEBOL.
Cuatro de los acusados eran ejecutivos de marketing deportivos:
10. Alejandro Burzaco: eran los que controlaban Torneos y Competencias S.A., una empresa de marketing deportivo en Argentina, y sus afiliados.
11. Aaron Davidson: presidente de Traffic Sports USA Inc. (Traffic USA).
12 y 13.  Hugo and Mariano Jinkis: controlaban Full Play Group S.A., un negocio de marketing deportivo de Argentina, y sus afiliados.
Y uno de los acusados estaba en el negocio de broadcasting, aparentemente era un intermediario para facilitar pagos ilícitos entre ejecutivos de marketing del deporte y oficiales del fútbol. 
14. José Margulies: controlaba Valente Corp. and Somerton Ltd.

Con esta acusación se implicó a 18 personas en total, contando a 4 adicionales que inicialmente aceptaron cargos “se revelaron las declaraciones de culpabilidad de 4 individuos y dos empresas demandadas anteriormente, incluyeron  las declaraciones de culpabilidad de Charles Blazer, veterano exsecretario general de la CONCACAF y exrepresentante de EE.UU. en el comité ejecutivo de la FIFA; José Hawilla, propietario y fundador de la Agrupación de Tráfico, una multinacional conglomerada de marketing deportivo con sede en Brasil, y dos de las empresas de Hawilla: Traffic Sports International Inc. y Traffic Sports EE.UU. Inc. , con sede en Florida. (Ver documento oficial*)

Además, el 3 de diciembre del 2015 se acusó a 16 miembros más de la FIFA, según el documento de ‘The United States Department of Justice’ para esa fecha se habían señalado a 41 individuos y empresas en total, acusados en el caso de Fifagate. Del total 12 personas y 2 empresas de marketing deportivo, para esta última fecha, ya habían sido condenados debido a la investigación. 
Entre los últimos 16 señalado figuran varios latinoamericanos.  (Ver Listado)  


Puntos débiles desde la auditoría  

Falta regulación 

De acuerdo con un artículo de Daniel Kaufmann -Presidente del National Resource Governance Institute (NRGI) y exdirector del Instituto del Banco Mundial, donde lideró tareas en materia de gobierno y anticorrupción-, publicado en septiembre del 2015 en el Fondo Monetario Internacional (FMI), el caso FIFA tiene características comunes en todo el mundo, algunas como “la corrupción entre redes turbias de funcionarios y ejecutivos que conspiran a escala de organizaciones transnacionales y nacionales”, señala Kaufmann en su artículo.  
(http://www.imf.org/external/pubs/ft/fandd/spa/2015/09/pdf/kaufmann.pdf) 


Explica que este escándalo revela que aunque le tome mucho tiempo a la autoridades la justicia siempre llega y agrega que el problema de corrupción es enorme pues se estima que “a escala mundial los sobornos rondan una cifra de 1 billón de dólares, y se calcula que los flujos financieros ilícitos totales, desde países latinoamericanos, durante la última década, ascienden a un monto similar”.

Kauffman  deja ver en su escrito que la corrupción tiene alcances que trascienden lo público y es un síntoma del fracaso institucional, y una consecuencia de la burocracia, que “a menudo involucra a una red de políticos, organizaciones, empresas y particulares que coluden para beneficiarse del acceso al poder, a los recursos públicos y la formulación de políticas, en detrimento del bien público”, dice. 

El caso de la FIFA demuestra cómo la corrupción avanza en el sector privado, y que “se requiere en la actualidad de una regulación más fuerte y en especial de una mayor vigilancia a las distintas actividades del sector real, para así tener un mayor control sobre esta mala práctica”, así lo subrayó Edwin Fabián Gómez, auditor de Global Forensic Auditing (GFA). 

Según Gómez los sobornos que se filtraron por las confederaciones de distintos países, siendo éstas, instancias rectoras del Fútbol a nivel internacional, “pusieron en duda que los mundiales de Rusia (2018) y Qatar (2022) pudieran estar comprados”, explicó Gómez.

Una auditoría ‘ciega’

Según ha señalado públicamente Carlos Burundarena, director de Business Compliance Solutions (BCS), y como lo referencia en sus presentaciones sobre el caso Fifagate (http://www.bcscompliance.com/pdf/2016/Post_Abril_2016/5_FIFAGATE_CORRUPCION_EN_AMERICA_LATINA_Carlos_Burundarena.pdf), la FIFA está compuesta por 6  confederaciones, 209 federaciones, 300 clubes y 240 mil millones de jugadores; y desde 1989 la FIFA tuvo un único auditor a KPMG, que auditó a las asociaciones miembro incluyendo la de Rusia y Qatar.

Según la publicación de Burundarena, en la memoria anual de la FIFA del 2009 se lee que: “La comunicación con KPMG es extremadamente importante para los miembros del Comité Interno de Auditoría porque KPMG, como auditor externo tiene un conocimiento muy detallado de la FIFA como resultado de las auditorías profundas que han hecho”, (FIFA, Memoria Anual 2009). 

Pero a pesar de las auditorías profundas que al parecer se hicieron, la firma auditora nunca denunció algún tipo de fraude dentro de la FIFA, según han señalado los expertos. Edwin Gómez, auditor forense de Global Forensic Auditing (GFA), señala que trabajar durante tantos años con una sola firma auditora podría generar un cierto riesgo provocado por un exceso de confianza en los procesos realizados entre la firma y la FIFA.

“Es posible que se pierda la independencia y que los procesos de auditoría no se hagan por completo, que no se revise la documentación y que haya poca suspicacia profesional”, dijo Gómez.

¿Qué pasó con la gestión del riesgo y cumplimiento?

Por su parte, el experto John Verver, consultor y asesor en auditoría y gestión del riesgo tecnológico, señaló en un artículo (http://www.rmmagazine.com/2015/09/01/lessons-from-the-fifa-corruption-scandal/ ) que “algo estaba obviamente mal en las políticas de gobierno, gestión de riesgos y cumplimiento de la FIFA”. 

De acuerdo con Verver, uno de los más grandes desafíos para los auditores y directores de riesgo puede ser el lidiar con faltas éticas y con el comportamiento criminal en los cargos directivos, por lo que explicó que “el escándalo de la FIFA es un recordatorio de que las compañías pueden tener los mejores mecanismos para señalar todos sus riesgos financieros y operacionales, pero aún así se las arreglan para pasar por alto la corrupción interna de alto nivel”. 

Verver explica incluso que el escándalo de la FIFA sí resalta un problema en particular para los auditores, y que está relacionado con el hecho de que el auditor externo de la Federación haya emitido una opinión sobre los estados financieros de la organización a favor de esta, lo que deja muchas preguntas. 

“¿Debió el auditor externo haber detectado que los oficiales corporativos aceptaron $150 millones en sobornos durante muchos años? ¿Debieron haber estado en capacidad de detectar un pago sospechoso de $10 millones por la FIFA, relacionado con el mundial de fútbol de Sudáfrica?”, cuestionó Verver.

De acuerdo con este experto, estos problemas son similares y muchos están relacionados con el rol del auditor externo al detectar las diversas formas de fraude. “En la práctica detectar los sobornos a ejecutivos es mucho más difícil … El desafío consiste en evaluar de manera efectiva los riesgos y luego determinar si están bien administrados”, concluyó.

Responsabilidad de la banca

En la presentación de Burundarena se explica que la FIFA contaba con 104 cuentas en bancos, de las cuales 54 están investigadas. Entre esos hay uno que llama la atención el Deltabank, cuyo negocio, según un informe de la OCC de 1996, “se apoyaba exclusivamente en ayudar a sus clientes a pagar menos impuestos o no pagar impuestos…”, como lo señala el documento de Burundarena. 

Cabe recordar, como lo ha resaltado el experto, que dicho banco fue acusado también de lavarle dinero a un narcotraficante colombiano en el 2003 por lo que tuvo que pagar una multa de 950.000 dólares. Y que en Brasil esta entidad también fue acusada de ayudar a lavar dinero a un ejecutivo del azúcar. 
Por ello, Burundarena ha señalado públicamente que la banca tiene una gran responsabilidad frente al escándalo del Fifagate, pues grandes bancos de tipo internacional como HSBC, JP Morgan Chase, City y Wells Fargo eran corresponsales de la FIFA, los cuales, al parecer, nunca reportaron movimientos sospechosos o algún tipo de riesgo.  

Desprestigio en el fútbol

Por su parte, Juan Manuel Guerrero, decano de la Facultad de Contaduría de la Universidad Externado de Colombia, en entrevista para Huella Forense, agregó que en este caso: “la Fiscal de los Estados Unidos se apoyó en las investigaciones que venía adelantando el FBI hace 25 años y es un trabajo puro de auditoría forense. Difícilmente la formulación de cargos que se hizo a los 14 ejecutivos de la entidad y a los 25 conspiradores, hubiese salido a flote si no hay una documentación y una investigación seria apoyada en la auditoría forense”.

De acuerdo con Guerrero, este escándalo motivó a que el máximo ente rector del fútbol mundial como consecuencia cayera en un proceso acelerado de desprestigio, lo cual se demuestra con la encuesta adelantada por Transparencia Internacional (ver recuadro: Informe Global sobre la Corrupción en el Deporte). 

“El escándalo que se presentó en la FIFA obedeció a la falta de regulación existente por parte de los países y por ende de las 209 federaciones a nivel mundial adscritas. Los países deben entrar a legislar las regulaciones necesarias que les permitan implementar controles”, dijo Guerrero. 
Con lo anterior, expertos en este campo señalan en conclusión que en el mundo se deben aunar esfuerzos para regular en el fútbol el tema de empresarios, socios, del tipo de sociedad, de las transferencias de los jugadores en medio de reglas claras, para minimizar los riesgos de que los dineros que se transen no sean de origen legal, y evitar el soborno y la evasión. 

Tras escándalo de la Fifa, Colombia responde con una nueva ley contra el soborno

El soborno es un delito financiero y una práctica corrupta que hace escala tanto en el sector público como en el privado y ninguna actividad económica es la excepción en el mundo. 

Lo anterior, supone para los países, blindarse contra este hecho desde la normatividad. En Colombia, con la Ley 1778 de 2016, que castiga los actos de corrupción transnacional, la Superintendencia de Sociedades, una de las entidades impulsoras de la norma, cuenta con un instrumento de gran valor para realizar las sanciones respectivas desde su competencia administrativa a las empresas que incurran en acciones de soborno a servidores públicos. 

De acuerdo con Juan Pablo Rodríguez, consultor en antilavado, antifraude y anticorrupción, la norma es un instrumento útil para un tema tan complejo como lo es la corrupción, hace referencia al tema de ética y los valores. 

“La norma se refiere a actos de corrupción con servidores públicos del exterior por parte de empresas colombianas, de personas naturales, cuyas implicaciones por sus actos están más por fuera de las fronteras de Colombia”, dijo Rodríguez.

Aunque la corrupción se da con frecuencia entre el mismo sector privado y muchas veces no implica dineros públicos, con esta Ley el país da un paso muy importante. Como lo señaló la Supersociedades mediante un comunicado, la nueva norma, impulsada por este ente y por la Secretaría de Transparencia de la Presidencia, establece un régimen administrativo sancionatorio para las personas naturales y jurídicas que participen en la conducta de soborno transnacional y complementa el tipo penal de cohecho contenido en el Código Penal.

Así, las personas naturales que incurran en soborno transnacional tendrán prisión de entre nueve y 15 años y multa de entre 650 y 50.000 salarios mínimos legales mensuales vigentes. 

Entre tanto, a las personas jurídicas, la Superintendencia de Sociedades les podrá imponer multas hasta de 200.000 salarios mínimos legales mensuales vigentes cuando éstas, por medio de uno o varios de sus empleados o administradores, sobornen a un servidor público.

Para Francisco Reyes Villamizar, Superintendente de Sociedades, “la nueva Ley de Soborno Internacional le otorga a la Superintendencia de Sociedades amplias facultades para investigar compañías que tengan operación por fuera del país y que puedan incurrir en conductas de cohecho. En esa medida cada vez va a ser más importante para la entidad desarrollar técnicas adecuadas de auditoría forense y de investigación que nos permitan recabar la información que se requiere para nutrir los diferentes procesos que se cumplen en la Superintendencia, particularmente en estos procedimientos de soborno internacional”. 

No obstante, aunque Colombia actúe a través de la normatividad contra la corrupción, los resultados también se darán en la medida de que los diferentes países cuenten con normas que como ésta castiguen la corrupción fuera de sus fronteras.  Para el caso de Colombia a empresas extranjeras con empleados que podrían venir al país a sobornar o hacer propuestas indecorosas a servidores públicos colombianos, por ejemplo, para temas de contratación. 

Frente a esto Kauffman señaló, en su artículo, que por lo contrario la lucha contra la corrupción nunca ha tenido éxito cuando se han implementado las iniciativas tradicionales -como cuando se dictan más leyes anticorrupción que a la final no se cumplen- o cuando se formula una nueva campaña o entidad de anticorrupción. 

Por lo que es importante dice: “un enfoque que modifique los incentivos y aborde la corrupción de modo sistemático, que ataque las redes de captura del poder y de corrupción. Tal enfoque debe dar protagonismo a un poder judicial más fuerte, junto con la reforma del financiamiento de la política, sistemas con base en el mérito, y transparencia y rendición de cuentas. Todos los poderes del gobierno, la sociedad civil, los medios de comunicación y el sector privado deben participar”, concluyó.

Redación Huella Forense 

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